Cronograma de su vida
- 1586
- 1606 - 1615
- 1615 - 1617
- 1668 - 1671
Medio siglo de existencia contaba tan sólo la ciudad de los Reyes, como ha dado en llamarse a Lima, capital del Reino descubierto por el intrépido explorador Francisco Pizarro, cuando brotó en ella la flor más hermosa de virtud, que ha producido el nuevo mundo: Rosa de Santa María, la que según la opinión más fundada, nació el 20 de abril del año de 1586.
Dios que privó a los padres de Rosa de Santa María de los bienes que llaman de fortuna, les enriqueció con una prole numerosa y escogida, tesoro digno de todo aprecio.
El arcabucero real Gaspar Flores y Maria de Oliva fueron los padres afortunados de la ilustre patrona de todas las Indias. Tuvieron una progenie de 13 hijos, siendo la cuarta Isabel Flores de Oliva, “una niña tan linda y hermosa, que por las facciones, ojos, boca, nariz y orejas, la propia madre le dijo a las semanas de nacida: “yo te prometo hija y alma mía, que mientras viviere, de mi boca no has de oír otro nombre sino el de Rosa”.
Aquella niña demostró desde muy pequeña una especial inclinación por una vida de piedad, de familiaridad y devoción para con el Niño Jesús. Con apenas cinco años conversaba con tal naturalidad con Él, viéndose atendida en tan infantiles entretenimientos, como en altos diálogos que hacían presumir una vida mística de elevada santidad. Es la fase en que se puede calificar en una forma de vida de oración conocida como: unión.
“Cuando sólo contaba con seis años, emprendió la ruda tarea de sacrificar en aras de la mortificación cristiana los instintos propios de la naturaleza en esa edad. Puso sobre sus hombros la cruz de la abstinencia, prometió a Nuestro Señor no comer más que pan y agua los miércoles, viernes y sábados de cada semana.
Contando Rosa la edad de 7 años toda su familia se traslada a un paraje que tenía el nombre de Quives, a poco más de sesenta km. distante de Lima. Quives era una localidad situada a orillas del río Chillón, allí su padre se dedicaba a refinar el mineral de plata que era traído de las alturas de Huarochirí y de Canta, es necesario señalar que la condición económica de su familia nunca fue holgada.
1597 es el año en que Quives recibe la visita de un apóstol de almas que era literalmente infatigable en cuidar de las almas confiadas a él como rebaño. Bautizaba, confirmaba, administraba el sacramento del matrimonio, catequizaba con su ejemplo de vida! El gran Santo Toribio de Mogrovejo a quien se atribuye con fundamento histórico el hecho de bautizar a centenas de millares de almas, recorriendo a pie, o en mula más de 40.000 km. Es este gran Pastor de almas quien administra el sacramento de la confirmación a nuestra niña con el nombre de Rosa, en Quives.
Es en Quives donde al parecer empezó con sus mortificaciones, contrayendo un reuma muy fuerte con consecuencias dolorosas para su recuperación, que ella ocultaba a su madre, es en Quives donde va madurando su vocación, el poder consagrarse como esclava de amor y como esposa a Jesucristo. Allí también va siendo instruida en las diferentes labores domésticas, donde aprende y ejecuta música, canto, poesía, incluso las artes de la costura de la que se servirá para ayudar en el sostenimiento de su familia.
A los quince, época crítica en el orden moral, nuestra virgen para hacer estéril en sí misma la concupiscencia, contrajo el compromiso sagrado de privarse en adelante de consumir carne.
“Sigamos admirando el valor sobrenatural de Rosa que tuvo siempre por vergonzoso dejarse vencer por el sueño, ella luchaba como esforzada guerrera de la virtud a brazo partido, extendiendo los brazos sobre una cruz de madera, a la que se sujetaba, perseverando en esa postura”

Tablas desnudas le servían de lecho a nuestra virgen, apoyaba la cabeza sobre una piedra esquinada, ó sobre troncos nudosos. La aspereza del cilicio eran conocidos por la piel de nuestra doncella, sin duda podemos atribuir que ello ayudó a formarla como símbolo de mansedumbre cristiana, de austero sacrificio propio y de angelical pureza, siendo su nombre siempre asociado a la ciudad de Lima.
Rosa comparte vivencias y sufrimientos de indios, negros en sus ambientes de trabajo, lo que ciertamente influencia y despierta compasión en esa alma sensible, no sólo por las condiciones en que ejercían sus labores, sino también por la precariedad en las condiciones de salud. Rosa conversaba y le pedía al Niño Dios resuelva sus apuros al atender ella a innúmeros enfermos que a ella acudían, sin saber cómo resolverlos, ella se dirigía al Niño Doctorcito que le daba las recetas de los bálsamos que eran necesarios preparar y que ella como virgen consagrada y esposa mística de Su Dueño y Señor de su corazón, presurosa ejecutaba; acreditamos con feliz desenlace para sus dichosos enfermos.
Cuentan que buscando nuestra santa, ya de retorno en Lima, la vía espiritual que debería seguir, se arrodilló a los pies de una Imagen de la Virgen para pedir su bendición para entrar en la única orden de vida claustral para damas; ¡sería un convento agustino! Pero he aquí que ella no consigue incorporarse por más esfuerzos y tiempo que a ello dedicase, al llegar a la conclusión que la Virgen no tomaba su pedido con agrado, presurosa se vio colocada en pie, corroborando esa impresión. De ahí a poco tiempo, se vio rodeada por mariposas que revoloteaban a su alrededor sin separarse de ella, un detalle le llamó la atención: tenían dos colores muy marcados: blanco y negro. No demoró mucho tiempo en investigar que había de hecho una Orden religiosa cuya característica tenía ambos colores en su hábito: los hijos e hijas de Santo Domingo.