Rosa de Santa María: Gloria de los Altares, en el corazón del Perú y del mundo entero

Cronograma de su vida

  • 1586
  • 1606 - 1615
  • 1615 - 1617
  • 1668 - 1671
Canonización
1668 - 1671 Canonización
De los altares al corazón del Perú y del mundo.

Ya el cuerpo exánime, “tenía vivo el color del rostro, los labios teñidos de carmesí; los ojos no quebrados ni oscurecidos por la sombra de la muerte, más bien brillaban como dos luceros y en todo su cuerpo, privado ya de la presencia del alma, se advertían tales señales de vida, que tuvo en suspensión gran rato a los presentes, sin saber determinarse si había expirado”

No hubo ninguno que en todo ese acto derramase un solo suspiro; antes bien con impensado prodigio se apoderó de sus corazones tal tropel de gozo y contento, que en toda la casa se advertían señales de júbilo y de alegría, viéndose dulcemente anegados en un piélago de alborozos espirituales.

“Aumentábase cada día la frecuencia del pueblo, que venía a visitar el sepulcro, porque cada día crecían los beneficios que recibían allí los enfermos, recobrando la salud.  La fama había ya esparcido el nombre admirable de Rosa por todo aquel reino, no había villa ni aldea donde no llegase la noticia a todos”.

Según la leyenda, el Papa Clemente IX estaba escéptico acerca de los poderes y milagros de Santa Rosa y quiso probarlos antes de beatificarla. Luego de oír los relatos de sus milagros, el Sumo Pontífice habría dicho: “¡Hum! ¡Patrona y Santa! ¿Y Rosa? que lluevan flores sobre mi escritorio si es verdad».​ La respuesta al instante fue una fragante lluvia de rosas sobre la mesa del Papa, quien en ese momento procedió a aprobar la beatificación. Era el año de 1668.

Tan solo tres años después, en 1671, el papa Clemente X la declaró santa, convirtiéndose en la Primera Santa de América. Su canonización marcó un momento histórico para toda la Iglesia, pues reconocía que la santidad también había florecido en estas tierras y que el continente americano ofrecía al mundo un luminoso ejemplo de amor a Nuestro Señor Jesucristo.

Lo curioso es que Dios no suscitó para la América entera un gran predicador. Él puso aquí, allá y acullá grandes predicadores, pero de ámbito restringido. Alguien que tuviese una misión de carácter universal, esa persona fue una mujer: Santa Rosa de Lima. Y lo fue porque era un alma penitente, un alma suplicante y Dios quería que [por medio de ella] se hiciese, en el plano de la Comunión de los Santos, aquello que era necesario para salvar a América.

El proceso de canonización de Santa Rosa fue uno de los más rápidos de la historia de la Iglesia. Apenas habían pasado 54 años desde su muerte, lo que refleja la fuerza de su devoción en América y Europa.

Con el paso del tiempo, Santa Rosa de Lima fue proclamada Patrona de Lima, del Perú, de América y de Filipinas, además de ser considerada protectora de numerosas instituciones y comunidades que encuentran en ella un modelo de vida cristiana.

Es incontable la cantidad de manifestaciones y de milagros atribuidos a Santa Rosa de Lima, podemos afirmar que desde que ella murió, ella se muestra admirable en convertir súbitamente pecadores obstinados y en ablandar la pertinacia de corazones endurecidos. 

Nos resta levantar los ojos al Cielo y pedir a Rosa de Santa María tan rica por los tesoros de Gracias que en ella depositó la mano infinitamente pródiga del Altísimo, que nos alcance el esfuerzo necesario para imitarla, después de haberla admirado. 

No nos basta amada esposa del Cordero Inmaculado, flor escogida del ameno jardín de la Santa Iglesia Católica, el contemplar la hermosura de tu alma, la limpieza de tu cuerpo, la belleza singular de tu espíritu, la humildad profunda en que te abismaste, la paciencia consumada con que llevaste hasta el monte santo de la crucifixión el pesado madero de los trabajos de esta vida; y el amor ardentísimo a Dios, a Su Santa Madre y al prójimo en que te consumiste. 

Te decimos con el corazón y con los labios; Rosa de Santa María, hija ilustre del gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, fiel discípula de Santa Catalina de Siena, cándida azucena del Paraíso florido de la Iglesia y Patrona del Nuevo Mundo y de toda nuestra América. 

Santa Rosa de Lima, Rosa de Santa María. Ruega por nosotros.

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