Cronograma de su vida
- 1586
- 1606 - 1615
- 1615 - 1617
- 1668 - 1671
Lima, conocida como la ciudad de múltiples torres de Iglesias, vivía un ambiente de mucho fervor religioso, su población criolla, pacata y libertina, vivía ese fervor mezclado con asiduas recepciones sociales, generando ambientes donde se daba rienda suelta a toda clase de vicios, ¡qué contradicción! Es en ese ambiente en el que una joven tiene un inconmovible deseo de perfección cristiana con un entusiasmo tal, que ni las veleidades mundanas, ni las argucias de la serpiente que es el demonio y satanás la consiguen desviar de su decisión ya tomada: “seguir y vivir por Aquel por quien tenía un amor que vencía todos los obstáculos, el niño Dios, su “doctorcito”!
Un joven hidalgo, pariente del virrey, como muchos otros la pretendía al igual que varios otros, la edad casamentera, la modestia, la belleza, el recato eran motivos de ser objeto de esos planes que conllevarían un futuro promisor para nuestra doncella, a la par que elevaría la posición y patrimonio de la familia; ¡por fin un poco de estabilidad económica en medio de tantas penurias! Ella obediente acude al llamado de su madre para recibir al galante que les visitaba con la intención de pedir la mano, solo que… aparece Rosa con hábito de dominica para confusión del galante que la pretendía, había pasado algunas plantas que frotando su rostro la dejaban con la piel irritada restándole el brillo de la belleza. El galán se despide pidiendo mil disculpas con mucha educación, pero un nuevo drama surge para Rosa, pues su madre era favorable al casamiento por los muchos beneficios que ello significaba soportando regaños y otros castigos.
Riñas y hasta amenazas, ¿qué es ello para un corazón compasivo que está dispuesto a pasar por lo que fuere, si ella ya estaba comprometida con su divino esposo?
Rosa construye con el permiso paterno una ermita de adobe, donde pasa largas horas ejercitándose en la contemplación, en la oración en la penitencia y en sus ayunos. ¿Quién entiende a esta jovencita que vive contenta en medio de tantas privaciones, ciñendo su cabeza con una corona con clavos punzantes cubriéndose con un velo y hallando delicias en estos sufrimientos? Ah! Cuáles son los misterios de Dios, Pero con ello nuestra virgen limeña compraba bendiciones y Gracias del Cielo para alimentar y sustentar la Fe de un pueblo y un país que demostraría su fervor al propio Dios crucificado proyectándolo al mundo entero y cantando a viva voz, que ¡nuestra vida cobra sentido si se la dedicamos al “Señor de los Milagros”!
Conversando con mosquitos en su ermita, pidiéndoles el no interrumpirle en sus momentos de oración, … ¿conversar? Sí, son dones del Paraíso que Rosa a semejanza de un San Francisco de Asís sin lugar a dudas tenía con aves y otros animales. Imaginamos y hay datos que formulan que, al pasar por filas de palmeras a semejanza de un corredor, dóciles las plantas se inclinaban en respetuosa reverencia ante esta joven doncella que ofrecía sus tribulaciones por la salvación de los pecadores. “Con un perfecto equilibrio de sus facultades y un ánimo sobrenatural”, de ello dan fe sus consejeros y directores espirituales (como Fray Juan de Lorenzana). A la edad de 25 años siendo ya terciaria dominica asumió el nombre de “Rosa de Santa María”, había ya vencido la aversión hacia el nombre de Rosa, pues lo consideraba como una invitación a la vanidad, la persuadieron de ello con el argumento de que una flor ofrecida a Nuestro Señor es humilde y así sea una rosa, se ofrece plenamente a Su Divino Esposo.
Su mayor deseo era que todos conocieran el amor de Cristo. Incluso llegó a expresar su anhelo de ser misionera y anunciar el Evangelio en tierras lejanas, aunque comprendió que el Señor la llamaba a evangelizar desde el lugar donde vivía, ofreciendo su propia vida por la conversión de las almas.

Es durante estos años, que Dios le fue concediendo gracias espirituales extraordinarias que fortalecieron aún más su vocación. Su corazón ardía con un amor tan profundo hacia Cristo que toda su existencia se convirtió en una respuesta de entrega y fidelidad, vivió una intensa experiencia de unión mística con el Señor, que tuvo un desenlace reservado para almas selectas: el desposorio místico con Nuestro Señor Jesucristo, signo de la íntima comunión que había alcanzado con Él.
Domingo de Ramos de 1615 en la hoy Iglesia de Santo Domingo o de la Virgen del Rosario, ¡Rosa no recibe una palma para la procesión! Pensó ella que no merecía llevarla por haber cometido alguna ofensa, se dirigió a la Santa Madre de Dios con estas palabras: “Señora mía, no quiero palmas de hombres, espero recibir la que por intercesión vuestra me ha de dar mi Señor Cristo”. ¡El rostro de María se puso alegrísimo! Y el del Niño más aún. Él mirándole le dijo: “Rosa querida de mi corazón, a ti te quiero por esposa”. Rosa responde inspirada: “Ve Señor, esta esclava tuya, oh Rey de eterna majestad, tuya soy y siempre lo seré”. Es el gran momento del desposorio místico. Confidencia ello a un hermano, pidiéndole hiciera un anillo donde quedase grabado un corazón y un Jesús. La mañana de Pascua lo recibió de manos del Padre Fray Alonso Velásquez.
Para quien le mencionaba ser demasiadas sus penitencias respondía: “si uds. supieran lo hermosa que es un alma sin pecado, estarían dispuestos a pasar por cualquier martirio con tal de mantener esa alma en Gracia de Dios”
Éxtasis frecuentes, sequedades espirituales, incomprensiones de familiares, de amigos, de compañeras y hasta hermanos de su propia orden son pruebas que atraviesa con frecuencia. Abandonos de su muy amado esposo a Quien le compone poesías y oraciones como este precioso verso: “Las 12 son dadas, mi amante no viene ¿quién será la dichosa que lo entretiene? ¡Ay de mi!, a mi amante ¿quién le suspende? Ya llega el mediodía y no aparece. Mientras en otra parte sin mí lo pasa, Corazón, alma y vida se me desmayan…”
Amorosamente inquirió a Nuestro Señor reclamándole: ¿“Señor, a dónde te vas cuando me dejas sola en estas tempestades”? Jesús la animaba diciendo: “Yo no me he ido lejos, estaba en tu espíritu, dirigiendo todo para que la barquita de tu alma no sucumbiera en medio de las tempestades”.