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Hay momentos en los que el camino parece incierto. Surgen dificultades, enfermedades, decisiones que tomar o situaciones cuya solución todavía no alcanzamos a comprender. El Libro de Tobías nos muestra que, incluso entonces, la Providencia de Dios puede estar actuando mucho más cerca de lo que imaginamos.
Esta verdad se manifiesta de manera especialmente hermosa en la figura de San Rafael Arcángel, cuyo nombre significa “Dios sana”. No hay mejor ejemplo de su presencia sino el estar íntimamente unida a la vida de Tobías y su familia, a quienes acompañó, protegió y ayudó sin revelar inicialmente su verdadera identidad.
Un compañero enviado por la Providencia
Tobit, hombre justo que había perdido la vista, envió a su hijo Tobías a realizar un largo viaje. Antes de partir, el joven necesitaba encontrar un compañero que conociera el camino.
Lo que Tobías ignoraba era que Dios ya había dispuesto quién caminaría a su lado.
San Rafael se presentó bajo apariencia humana y emprendió con él el viaje. A lo largo del recorrido no se limitó a señalarle la ruta: le aconsejó, le protegió ante los peligros y atendió incluso aquellas necesidades que podían parecer pequeñas.
La escena nos revela algo profundamente consolador acerca de la Providencia. Muchas veces deseamos que Dios elimine inmediatamente nuestros problemas; sin embargo, Él puede actuar de otra manera: enviándonos la ayuda necesaria para atravesarlos.
Sanación para una familia
La misión de San Rafael alcanzaría también a Sara, una joven sometida a una terrible prueba, y posteriormente al propio Tobit.
Guiado por el Arcángel, Tobías pudo contraer matrimonio con Sara poniendo su unión bajo la mirada de Dios. Más adelante, al regresar a casa, siguió las indicaciones recibidas de su compañero y su padre recuperó la vista.
Solo al final del camino Rafael reveló quién era verdaderamente: uno de los ángeles que permanecen ante la presencia de Dios. Entonces Tobit y Tobías comprendieron que aquel compañero que había caminado junto a ellos era, en realidad, una manifestación del cuidado que Dios había tenido por su familia.

Dios no abandona a quienes confían en Él
San Rafael nos ayuda a comprender que la acción divina no siempre se manifiesta de manera extraordinaria. A veces está presente en una orientación, en una persona que aparece oportunamente, en una puerta que se abre o incluso en una dificultad que termina conduciéndonos hacia un bien mayor.
Por eso, la figura de este arcángel está tan vinculada al camino, la protección de la familia y la sanación.
Su ejemplo invita también a confiar cuando todavía no vemos claramente la solución. Tobías no conocía desde el principio todo lo que sucedería durante su viaje. Simplemente tuvo que avanzar, escuchar y dejarse orientar.
Ahora bien, no pensemos que la historia de Tobías es un caso excepcional. Al contrario, veamos en esta encantadora historia una garantía de que la protección de San Rafael está a nuestro alcance, constantemente, y de que él desea convivir con nosotros. ¡Basta con que lo invoquemos con fe!
Bajo su amparo, por muy graves que sean las crisis y las molestias, podemos estar seguros de que existirá una solución; siempre habrá de su parte la disposición de acogernos y resolver nuestros problemas. En suma, su existencia debe alentarnos en la confianza de que la intervención divina se anticipa a nuestras iniciativas e invariablemente supera nuestras expectativas.
Recurramos, por tanto, al afectuoso socorro del arcángel San Rafael a cada paso de nuestro caminar hacia el Paraíso celestial. Como a Tobías, nos acompañará y será, junto a nosotros, en los días que vivimos, un reflejo de la infinita bondad del Sagrado Corazón de Jesús, firme en la dulzura y dulce en la firmeza hasta el final.
Al aproximarnos al 29 de septiembre, pidamos a San Rafael que acompañe nuestros caminos, proteja a nuestras familias y nos ayude a encontrar en Dios la verdadera sanación del cuerpo y, sobre todo, del alma.
San Rafael Arcángel, compañero de los viajeros y consuelo de quienes sufren, ruega por nosotros.
